El 8 de enero de 1947, en Londres, llega al planeta David Bowie.
Tengo mucho para decir de Bowie. Muchísimo. De hecho, dentro de pocos días escribiré sobre Bowie de nuevo, ya voy avisando que no tengo opción. Y si bien hoy podría estar escribiendo sobre Elvis (nacido el 8 de enero de 1935) y evitar el doble Bowie, pues, no. Pero apunto a algo con esto, lo juro. Hay un plan.
La canción que me ocupa hoy pertenece al disco Low (1977), el primero de la llamada Trilogía de Berlín, tres álbumes concebidos por Bowie, grabados junto a Brian Eno y con Tony Visconti como productor. Sólo uno de los discos se hizo enteramente en Berlín, pero todos comparten cierto contexto berlinés, y la energía creativa que les da origen viene fundamentalmente del enamoramiento de Bowie con la ciudad tras mudarse a Europa en los 70.
Contexto: Es 1976 y están pasando un par de cosas en la vida de Bowie. Acaba de rodar la película The Man Who Fell To Earth (El hombre que cayó a la Tierra), donde es el actor principal. También acaba de grabar el disco Station To Station, en Los Ángeles, donde vive desde hace un año. Y también está llegando a una etapa cumbre y peligrosa de la adicción a la cocaína que ha venido arrastrando por los últimos cuatro años. Ni siquiera retuvo recuerdos de haber grabado Station To Station, mencionando en una entrevista años después «Sé que se grabó en Los Ángeles porque lo leí en algún lado».
Ya se le empieza a cruzar por la cabeza la noción de que no le queda mucho tiempo si sigue por este camino, pero aún así prepara una última jugada antes de cambiar de rumbo: La infame gira Isolar 1976, en la que Bowie aparecía en escena como el personaje del Thin White Duke, el Delgado Duque Blanco, una identidad que había empezado a desarrollar durante la gira promocional del disco Young Americans, en 1975. El nivel musical de esta etapa es innegable, pero aquel Bowie alimentado por una dieta diaria de ají morrón, leche y cocaína dejó que el personaje del Duque lo metiera en algunos lugares complicados, haciendo algunas declaraciones horripilantes y semi-fascistas a la prensa. Una vez más, el propio Bowie sólo recordaría luego haber leído al respecto, y siempre mantuvo que las palabras del personaje no reflejaban sus opiniones y creencias personales.
Ahora sí, 1976 va llegando a su fin y Bowie está listo para alejarse del mundo de las drogas. Pero eso parece casi imposible de lograr en Los Ángeles, la capital rockstar del mundo, y sumando además el hecho de que es la primera vez en la historia, desde sus inicios en 1962, que Bowie maneja este nivel de fama. Es claro que hace falta un cambio de escenario, así que Bowie se muda primero a Suiza y luego a Berlín Occidente. Es difícil imaginar esto hoy en día, pero Berlín era un lugar donde Bowie podía mantener un perfil bajo y vivir más o menos como un ciudadano más. Un lugar para empezar de nuevo.
La escena musical de Alemania le vuela la cabeza a Bowie. Se empieza a juntar con las figuras más experimentales del ambient y el krautrock, en el proceso retomando su amistad con Brian Eno, a quien había conocido durante la gira Isolar 1976. Luego de co-componer y producir The Idiot, el debut solista de Iggy Pop (gran amigo de Bowie que también estaba teniendo problemas con las drogas y que también se mudó a Europa con el plan de dejarlas), Bowie recluta propiamente a Eno, se reúne con el productor Tony Visconti, al que ya tenía agendado para cualquiera que fuese su próximo disco, y se ponen a trabajar en Low, el primer álbum de la trilogía de Berlín (grabado casi todo en Francia, pero bueno, ahí nomás).
La estructura de Low está muy relacionada con el formato LP: El lado A es un rock accesible, si bien mediantamente experimental, y el lado B es una locura. Algunos temas del lado B derivan de ideas originalmente desarrolladas para lo que habría sido la banda sonora de Bowie para The Man Who Fell To Earth, que en última instancia no se usó en la película. Es un disco rico en instrumentales, incluyendo la canción que comparto hoy, que cierra el primer lado del álbum. Sólo dos de los instrumentales son del lado A. Según admisión del propio Bowie, simplemente fueron canciones para las que no se le ocurrió una letra lo bastante buena (a diferencia del lado B, donde los temas instrumentales fueron concebidos así, dentro del espíritu experimental de ese lado).
Hay dos cosas que me llaman la atención sobre el tema de hoy: Una que le llamó la atención a todo el mundo en su momento, y una que creo no haber visto mencionada en ningún lado, y que tendrá más sentido en el próximo post sobre Bowie dentro de algunos días. Así que vamos a la primera: La batería. La batería de este disco tiene un sonido distinto a cualquier batería de cualquier disco hecho hasta ese entonces. Esa caja grave y cavernosa, que suena como lata y como bombo de cuero al mismo tiempo, es producto del uso de un artefacto que en su momento era un milagro de la tecnología: El Eventide Harmonizer H190, un aparato digital que podía cambiar el tono de un sonido, tal como pasa cuando se hace correr una cinta más rápido o más lento, sólo que en tiempo real y sin cambiar la duración ni velocidad de los sonidos. Como explicó en su momento Visconti a Bowie y a Eno, es un aparato que manipula el tejido del tiempo (Bowie y Eno, chochos con esta descripción, incluso si en el momento no entendían del todo en qué se traducía eso). Cuando salió Low, todos los amigos de Visconti lo llamaban para averiguar cómo estaba manipulado el sonido de la batería (Visconti disfrutó mucho no revelando el secreto por un tiempo).
La otra cosa que me llama la atención en este tema es la armónica. Pero en el próximo post sobre Bowie voy a explicar por qué.
Low fue un nuevo inicio para la carrera de Bowie, por no decir para su vida. Por suerte. Berlín fue ese lugar donde empezar de nuevo, de a poquito y en silencio, y la tapa misma del disco es un chiste visual sobre esto, que a Bowie le caía muy simpático: La foto en perfil, tomada de la película The Man Who Fell To Earth (como ya había sido el caso antes con la tapa de Station To Station), en conjunto con la palabra low, bajo. La tapa del disco está diciendo bajo perfil. Y el tema de hoy, aunque no tenga letra, también cuenta la historia de esta segunda oportunidad de Bowie. Una nueva carrera en una nueva ciudad.
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