Bueno, hoy una livianita para descontracturar después del post de ayer y, en especial, antes del de mañana.
El 9 de enero de 1967 nace en Henderson, Buenos Aires, el futbolista Claudio Paul Caniggia. Ahora bien, el fútbol me es un idioma extraño del que sólo conozco una palabra, y esa palabra es «fútbol». ¿Por qué, entonces, estoy escribiendo sobre Caniggia en el día de su cumpleaños? ¿En un blog de música? ¿Con una canción de Poison?
Cuenta la leyenda que, entre sus compañeros de la Roma, a principios de los 90, Caniggia destacaba no sólo por el lado deportivo sino por su habilidad musical. Concretamente, tocaba la batería, y según se dice era muy bueno. Dicen que el cantante de Poison, Brett Michaels, se enteró de esto durante el mundial USA '94 y, por razones que nunca quedan claras, lo contactó para invitarlo a tocar con ellos en un recital en Wisconsin, en calidad de músico invitado, a lo que Caniggia accedió y se les unió en algunas canciones.
Una historia breve, llena de sorpresas y coincidencias, pero sin duda el detalle más llamativo es que no sucedió nunca. Pero nunca. Cada tanto vuelve a surgir como dato curioso en algún artículo de un medio supuestamente confiable, pero es una mentira absoluta, y nadie sabe de dónde salió. Ni siquiera Caniggia. Que además resulta que ni toca la batería. «Nunca toque con Poison, no sé quien se inventó eso, no toco la batería» declara en 2012 Caniggia el matailusiones.
Así que ahí tenés, algo para contar en una fiesta cuando la charla se pone lenta. Personalmente, todas las canciones de Poison me resultan más divertidas desde que empecé a imaginarme a Caniggia tocando la batería con cara de «Ayuda, no sé qué estoy haciendo acá».
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