Monday, January 10, 2022

10 de enero: David Bowie - I Can't Give Everything Away

El 10 de enero de 2016, en Nueva York, deja el planeta David Bowie.

La historia de Blackstar, su disco final, es más o menos conocida: Bowie lo graba cuando ya sabe que está muriendo. Si bien algunas ideas ya estaban dando vueltas desde 2013 (inmediatamente después del lanzamiento de su disco previo, The Next Day), la mayor parte de Blackstar surge de la experimentación durante las sesiones de grabación. Efectivamente, desde la música y desde las letras, Bowie le da forma a Blackstar con la intención de que sea su despedida. El mismo título remite a una canción de Elvis Presley, claro ídolo de Bowie hasta el último día.

Every man has a black star
A black star over his shoulder
And when a man sees his black star
He knows his time, his time has come

(...)

One fine day I'll see that black star
That black star over my shoulder
And when I see that old black star
I'll know my time, my time has come
Todo hombre tiene una estrella negra
Una estrella negra a sus espaldas
Y cuando un hombre ve su estrella negra
Sabe que su hora ha llegado

(...)

Un buen día veré esa estrella negra
Esa estrella negra a mis espaldas
Y cuando vea esa vieja estrella negra
Sabré que mi hora ha llegado

Elvis grabó esta canción como una versión alternativa de "Flaming Star", para la película de igual título. En última instancia, "Black Star" no se usó y "Flaming Star" es la que más se conoce hoy en día.

En fin, volvamos a Bowie. En Blackstar nos encontramos de nuevo con Tony Visconti, productor de la Trilogía de Berlín de la que hablábamos en el post del 8 de enero. Visconti era de las pocas personas que sabían que Bowie estaba luchando contra el cáncer de hígado; de hecho, en el estudio, era la única. La enfermedad no se reveló al público hasta el día en que Bowie murió. Ni siquiera los músicos notaron que algo andaba mal, a pesar de trabajar horas y horas al lado de Bowie.

El disco salió el 8 de enero de 2016, en el cumpleaños número 69 de Bowie, y dos días antes de su muerte. Las preventas y proyecciones ya le habían asegurado el primer puesto en los charts del Reino Unido incluso antes de salir, pero durante el resto de la semana, a raíz de la segunda noticia, todas las proyecciones y expectativas estallaron en llamas. Y no sólo por Blackstar, sino por toda su discografía. No puedo evitar pensar en lo feliz que haría a Bowie saber que, hacia el final de esas semana, se convirtió en el segundo artista en la historia en tener siete discos distintos en el Top 40 simultáneamente, después de, por supuesto, Elvis Presley.

A veces me pregunto si alguien habrá notado algo raro en algunas letras en los dos días entre el lanzamiento de Blackstar y la muerte de Bowie. Salvando dos temas que son reversiones de canciones previas ("Sue (Or in a Season of Crime)", lanzada como single en 2014, y su lado B de ese entonces, "'Tis a Pity She Was a Whore"), todo el disco parece contado desde el lugar de una persona que está mirando hacia atrás a su vida, ya desde afuera.

Tal vez el ejemplo más claro sea "Lazarus" (desde el título en adelante):
Look up here, I'm in Heaven
I've got scars that can't be seen
I've got drama, can't be stolen
Everybody knows me now

Look up here, man, I'm in danger
I've got nothing left to lose
I'm so high it makes my brain whirl
Dropped my cell phone down below
Ain't that just like me?
Mira aquí arriba, estoy en el Cielo
Tengo cicatrices que no se ven
Tengo dramas que no me pueden robar
Ahora todo el mundo me conoce

Mira aquí arriba, amigo, estoy en peligro
No tengo nada que perder
Vuelo tan alto que el cerebro me da vueltas
Dejé caer mi celular ahí abajo
¿No es eso típico de mí?

La canción que comparto hoy tiene bastante de eso también.
I know something's very wrong
The pulse returns, the prodigal sons
The blackout hearts, the flowered news
With skull designs upon my shoes

I can't give everything away

Seeing more and feeling less
Saying no but meaning yes
This is all I ever meant
That's the message that I sent

I can't give everything away
Sé que algo anda muy mal
El pulso regresa, los hijos pródigos
Los corazones apagados, las noticias con flores
Con diseños de calaveras en mis zapatos

No puedo revelarlo todo

Viendo más y sintiendo menos,
Diciendo que no queriendo decir que sí
Eso es todo lo que he significado
Ése es el mensaje que he enviado

No puedo revelarlo todo

Personalmente, siento que en esta canción hay un hombre tratando, hasta el final, de descifrar el acertijo constante de su propia vida, y en última instancia decidiendo que no importa, que la respuesta es el acertijo. Que ni siquiera él puede revelar todo.

Hay otra cosa para destacar en esta canción, y que mencioné hace poco cuando hablaba sobre "A New Career In A New Town": La armónica. Las partes de armónica de esta canción, tocadas de nuevo por Bowie, están citando la melodía de las armónicas que sonaban en aquel tema de Low (1977). Y ahí es donde esta canción me destroza.

Dentro de este hilado complejo de ideas sobre el singificado de su existencia, en la última canción de su muy último disco, Bowie encuentra tiempo para recordar cuánto supo aprovechar aquella segunda oportunidad que le dio Berlín. Al menos por unos segundos, estratégicamente al principio de la canción, aunque luego sea hora de pasar a otras cosas. Siento que, en algún lugar de esta reflexión finalísima, a Bowie le parece lo suficientemente importante recordar aquella vez en que su vida tuvo la chance de empezar de nuevo, y todo lo que pasó entre ese momento y éste.

Gracias a Bowie, por todo, para siempre.

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